Aquel día era para Manuel distinto ya que había encontrado
trabajo.
Atrás quedaban el alcohol y las mentiras
Sabía también que muchos de los que decían ser amigos por
entonces ni siquiera sabían que esa palabra se escribía comenzando por A.
Manuel había pasado muchas mañanas en la capilla del
Cautivo, pidiendo, rezando y teniendo al de la túnica blanca por tabla de
salvación.
Por eso aquella mañana fue a darle gracias.
Sabía que comenzaba de cero y que seguía con el Señor de San
Pablo.
Entonces, no sabía que terminaría bajo el varal cada Lunes
Santo y que volvería el día antes de su boda con un ramo de claveles rojos con
olor a fe y a pasión malva y trinitaria que con el paso de los años y las
décadas será una perla más de la intrahistoria de la semana santa.
Cosas de Málaga
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